Una de las cosas más dificiles de aceptar para un líder, y en realidad para cualquier ser humano, es que está equivocado. Una de las cosas que diferencia a un buen líder de uno que no lo es, es la capacidad de aceptar sus errores y aprender de ellos. Eso se conoce como humildad. Una caracteristica indispensable del buen liderazgo.
Hay personas en ejercicio de autoridad, liderazgo, que nunca aceptan la responsabilidad por sus errores. Buscan responsables en otra parte. "el pueblo se me desertaba", "tú no venías dentro del plazo señalado", "los filisteos estaban reunidos en Micmas", "el pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y las vacas". El rey Saúl nunca aceptó su responsabilidad. El poder y la autoridad lo mareo, lo cambió. Lo llenó de soberbia. Ya no era pequeño a sus propios ojos, era grande. (1Samuel 9; 13; 15)
Por otro lado tenemos a un hombre al que se le da uno de los más grandes elogios a los que cualquiera de nosotros pudiera aspirar y más aún si estamos ejerciendo autoridad. Se le llamó un hombre según el corazón de Dios. No fue perfecto. Cometió errores graves en su vida, pero lo que lo hacia salir de ellos, vencer, cambiar y crecer fue la humildad manifestada al aceptar y reconocer la responsabilidad personal que le tocaba en esos errores. Nunca culpó a otros por los mismos. "borra mis rebeliones", "lávame más y más de mi maldad", "límpiame de mi pecado", "reconozco mis rebeliones", "mi pecado está siempre delante de mí", "borra todas mis maldades". (Salmos 51)
La soberbia nos distorsiona la realidad. No nos deja ver claramente nuestra condición real. Nos puede llevar a pensar que somos ricos y que de ninguna cosa tenemos necesidad. (Apocalipsis 3)
La humildad nos ayudará a siempre tener los pies sobre la tierra, a tener nuestra mente y sentidos sintonizados con la realidad. A aceptar y corregir nuestros errores cuando tengamos que hacerlo. A pedir perdón cuando sea necesario hacerlo.
Solo pensando en voz alta...
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