“También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios,…” nos dice la Biblia en 2Timoteo 3:1-4.
Leyendo esta descripción del carácter de las personas de este periodo descrito en la Biblia como los tiempos del fin me lleva a la reflexión de que esto no sucederá de la nada o por pura casualidad. Esto es consecuencia de padres que no están cumpliendo con la responsabilidad que nos da Dios al bendecirnos con hijos. Esto es consecuencia de no cumplir con el deber que tenemos de transmitir a nuestros hijos los verdaderos valores que Dios espera que sean pasados de generación a generación y que garantizaran que ellos se conviertan en personas respetuosas de las leyes, de su prójimo y principalmente de Dios.
“He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre.” Se afirma en Salmos 127:3. Los hijos son una bendición de Dios, y con esta bendición viene una responsabilidad, la responsabilidad de educarlos desde el momento que los recibimos. Algunas cosas que tenemos que tener en cuenta sobre este aspecto son:
1. Mientras más temprano empezamos a educarlos mejor. Proverbios 22:6 leemos: “Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él."
Los padres son todo para sus hijos durante los primeros años de su vida. Ellos tienen a sus padres en el lugar más alto. Su padre todo lo puede. Su padre todo lo sabe. Eso cambia cuando se llega a la etapa de la adolescencia cuando ellos creen que todo lo saben y sus padres saben poco. Mark Twain dijo: “Cuando era un muchacho de 14 años, mi padre era tan ignorante que apenas podía soportar que él estuviera alrededor de mi. Pero cuando tenía 21 años, me encontraba sorprendido por cuanto él había aprendido en 7 años”
2. Enseñe con el ejemplo. "Los hijos nunca han sido muy buenos para oír a sus padres, pero nunca han podido dejar de imitarlos" --James Baldwin.
Para poder educar con el ejemplo hay dos cosas que son indispensables:
a. Tenemos nosotros que amar y estar convencidos de los valores que queremos transmitir.
b. Tenemos que pasar tiempo con nuestros hijos.
Dios lo resume en Deuteronomio 6:6-7 “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.”
3. No rehúse disciplinar. En realidad la disciplina es dolorosa tanto para el hijo como para el padre. Por eso muchas veces los padres rehusamos ejercer disciplina. Pero la Biblia nos instruye sobre la necesidad de una apropiada disciplina a nuestros hijos, es más dice que es una señal de nuestro amor hacia ellos; “No rehúses corregir al muchacho; Porque si lo castigas con vara, no morirá. Lo castigarás con vara, Y librarás su alma del Seol.” (Proverbios 23:14)
Algo que hay que tener muy en cuenta que la Biblia no aprueba el abuso. Es muy diferente disciplinar con amor a abusar de nuestros hijos. “Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza; Mas no se apresure tu alma para destruirlo.” (Proverbios 19:18)
La disciplina que uno hace por amor nunca dejará daños físicos o emocionales en nuestros hijos. La intención nunca es dañar sino proteger, ayudar, educar. “Porque Jehová al que ama castiga, Como el padre al hijo a quien quiere.” (Proverbios 3:12)
Este domingo estaremos celebrando el día del padre. Los hijos se juntan para homenajear a sus padres, nosotros padres meditemos en ese día sobre qué estamos haciendo con esa preciosa herencia que nos ha dado Dios, nuestros hijos y si somos dignos recipientes del reconocimiento que se nos dará ese día.
Hijo, no necesito un regalo, los regalos más valiosos ya los he recibido de Dios, y tu eres uno de ellos.
Solo pensando en voz alta...
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